Mirarlo hacia arriba…

MSc. Mª de los Ángeles Cordoví Fernández

Fotos utilizadas: tomadas de Internet.

25 años de cercanía, conforman un plazo nada despreciable.

El pueblo le sabe “hombre de mil anécdotas”, guerrillero completo, el compañero de cien batallas, como lo calificara el Che; “héroe de Yaguajay”, “señor de la vanguardia”.

Fue una etapa matizada por encuentros con colegas e investigadores y consultas bibliográficas sobre el héroe.

Portada del libro «Camilo, Señor de la Vanguardia», de William Gálvez.

Legó para las generaciones sucesoras:

  • Un singular carisma, mezcla de reyoyo pleno y ciudadano austero
  • Haber esculpido su parte de la obra de la Revolución, a pesar de haber interrumpido sus incipientes estudios en San Alejandro
  • La tenacidad, porque de pequeño mal pelotero, llegó a participar en el campeonato de béisbol intercolegial
  • Un patriotismo sin límites
  • Un sabroso sentido del humor con el que bautizó a un perro con el significativo nombre de Fulgencio, entre otras bromas conocidas como «camiladas»
  • Una lealtad a Fidel que, de enemigo… ni en la pelota
  • La convicción de que más fácil era dejar de respirar que dejar de ser fiel a la confianza del Comandante en Jefe
  • La lección que aprendió de la guerra necesaria, demostrada en la conducción de la columna invasora no. 2 Antonio Maceo
  • El difícil dominio táctico de los llanos en combate

Pero más allá, en otra dimensión, está el hombre, que como resultado de una relación causal, fue semillero de amor filial y patrio, de honradez, solidaridad humana, sencillez y audacia, entre otros valores al calor hogareño, que forjaron al niño que llegó a defender el patriotismo frente a una de sus maestras y a proteger a otros compañeritos y amigos del barrio habanero en que crecía; ese escenario fue también el crisol que moldeó al revolucionario cabal.

Ya viene su aniversario 89 y pueden agolparse los recuerdos.

Cuando en el hermoso contexto de las Escuelas Militares “Camilo Cienfuegos” durante un cuarto de siglo, quien escribe estas líneas, pudo conocer su vida más de cerca y acoger en el colectivo de docentes y “camilitos”, la visita de los padres de Camilo Cienfuegos Gorriarán, pudo escuchar durante una jornada productiva, en la voz paternal emocionada de orgullo – de Ramón -, de frente al busto del guerrillero, estas inolvidables palabras: para observar a los héroes, hay que mirar hacia arriba. A buen entendedor…

Un comentario sobre esta entrada

  1. Excelente, y una vez más excelente, porque logras fundir en un texto sumamente breve toda una vida que fue marcada por la hazaña. Recuerdo que fue contigo donde por primera vez visité la casa de Camilo, como también recuerdo que lo pude ver bien cerquita cuando fue a inaugurar el mercado de Guanabacoa, así como el dolor del pueblo y el de mi madre ante su desaparición. Hoy -quizás un poco tarde a la fecha de publicado este artículo- quisiera acompañarlo con las décimas del Indio Naborí porque creo que ese grande de la poesía cubana logró también con un extraordinario poder de síntesis exponer al pueblo la grandeza de un héroe como Camilo Cienfuegos Gorriarán.
    » Espesas barbas, sombrero
    de estilo camagüeyano.
    Al verlo, el pueblo cubano
    soñó un profeta montero:
    un Cristo, pero guerrero
    que con la patria cargara,
    cuando una sonrisa clara
    como azucena fulgente
    alumbró gloriosamente
    la manigua de su cara.
    Estaba en su pensamiento
    la talla del porvenir
    y él —sastre— quiso vestir
    a todo un pueblo harapiento.
    El exilio, el mar, el viento,
    el Granma como tijera
    y luego la cordillera
    —sastrería de su hazaña—
    donde entalló a la montaña
    el traje de su bandera.
    Como un río de bravura
    descendió del lomerío
    y así, como un bravo río,
    atravesó la llanura.
    Hambre, llagas, piedra dura,
    nada al héroe detenía,
    hasta que su rebeldía
    sobre Yaguajay candente
    decapitó la serpiente
    ciega de la tiranía.
    Su sonrisa de victoria
    dijo al clamor popular
    que juntas pueden andar
    la sencillez y la gloria.
    Jamás tan brillante historia
    tuvo menos arrogancia
    y hasta el nombre —resonancia
    de chispas, llamas de cielo—
    legendario caramelo fue en los labios de la infancia.
    No, no ha muerto el capitán
    del pueblo, porque su idea
    prosigue, con su pelea
    de redentor huracán.
    Ladrones de tierra y pan,
    asesinos descubiertos,
    no veáis cielos abiertos
    cuando enterremos medallas,
    que el pueblo gana batallas
    con su ejército de muertos.»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *